Coaniquem: en Chile se producen 80 mil quemaduras infantiles cada año

Para extraer evidencia estandarizada y aportar al diseño de políticas públicas y sanitarias, la institución obtuvo fondos para implementar una plataforma latinoamericana de quemaduras, diseñada por el ITiSB de la UNAB.

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Por El Ágora
Actualizado el 24 de febrero de 2026 - 4:43 pm

La mitad de los niños quemados están entre uno y cuatro años / Foto: ARCHIVO

Coaniquem estima que en Chile se producen alrededor de 80 mil quemaduras infantiles al año, una cifra que dimensiona un problema de salud pública persistente y en gran medida prevenible. Según datos clínicos consolidados por la plataforma Relaq, desarrollada por el Instituto de Tecnología para la Innovación en Salud y Bienestar (ITiSB) de la Universidad Andrés Bello, más del 90% de estos accidentes ocurre dentro del hogar, incluso en contextos donde hay adultos supervisando a los niños.

Las cifras disponibles muestran que el grupo etario más afectado corresponde a niños y niñas entre uno y cuatro años, que concentran cerca del 50% de los casos. En paralelo, los registros clínicos de la Corporación dan cuenta de la atención de alrededor de unos 8.000 niños al año en sus centros de rehabilitación de Antofagasta, Santiago, Concepción y Puerto Montt. De ellos, 2.300 son ingresos por quemaduras agudas. Se trata de sólo una fracción del total de las lesiones ocurridas en el país, considerando que muchas no requieren hospitalización ni llegan a sistemas formales de registro, advierten los especialistas.

La gran mayoría de las quemaduras ocurre en el propio hogar y bajo el cuidado de adultos, lo que rompe con la idea de que se trata de lesiones excepcionales”, explica Orlando Flores, director del área académica de Coaniquem y también director ejecutivo del proyecto. “Además, muchas de estas lesiones podrían evitarse o tener un impacto mucho menor si existiera una atención oportuna y adecuada desde el primer momento”.

Alianza en crecimiento

Desde el punto de vista sanitario, menos del 10% de los niños quemados requiere hospitalización. Sin embargo, entre un 10% y un 20% desarrolla secuelas, como cicatrices hipertróficas o retracciones, que pueden afectar la función o la apariencia física. Pese a este impacto, las quemaduras no son de notificación obligatoria en Chile ni en la mayor parte de América Latina. Sólo las hospitalizaciones se contabilizan de manera sistemática, generando un subdiagnóstico estructural del problema.

Para abordar esta brecha de información, Coaniquem comenzó a centralizar datos clínicos en esta nueva plataforma latinoamericana, que registra más de 70 variables clínicas, sociales y geográficas sobre quemaduras. El sistema opera actualmente en seis países (Chile, Argentina, Perú, Guatemala, El Salvador y Costa Rica) y diez centros especializados, y busca generar evidencia comparable que permita dimensionar el problema y apoyar el diseño de políticas públicas y estrategias de prevención más efectivas.

El proceso también fue apoyado por la Agencia Chilena de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AGCID), dependiente del Ministerio de Relaciones Exteriores: financió la capacitación de cerca de 30 profesionales de los países participantes y las misiones técnicas de supervisión en los seis países donde hoy opera el sistema. La alianza crecerá en 2026, con la incorporación de otros diez establecimientos y tres naciones: Bolivia, Colombia y Panamá.

Datos actualizados y estandarizados

Diseñado por especialistas del Instituto de Tecnología para la Innovación en Salud y Bienestar (ITiSB), de la Facultad de Ingeniería de la UNAB, el proyecto fue posible gracias a un fondo concursable de 260 mil dólares obtenido por Coaniquem con financiamiento de la Fundación David and Lucile Packard (de los creadores de Hewlett-Packard).

“Las soluciones de salud digital permiten transformar datos clínicos dispersos en información útil para la toma de decisiones, superando la fragmentación histórica de los sistemas de salud. Contar con registros estandarizados, interoperables y de calidad es fundamental para diseñar mejores políticas públicas y sanitarias, tanto a nivel nacional como regional”, destacó la directora del ITiSB, la doctora Carla Taramasco.

A diferencia de otras patologías, las quemaduras no son de notificación obligatoria en Chile ni en la mayoría de los países de América Latina. Esto significa que sólo los casos hospitalizados quedan registrados de manera sistemática, mientras que una parte sustantiva de las atenciones en urgencia o en modalidad ambulatoria queda fuera del conteo consolidado.

Coaniquem estima que alrededor de 80.000 niños podrían sufrir quemaduras cada año en Chile, pero reconoce que se trata de una estimación, no de una cifra exacta. “No tenemos datos fidedignos de la cantidad total de niños que se queman. Y esa es justamente la razón por la que necesitamos un sistema como este”, señala el doctor Flores, quien enfatiza que esa brecha de información tiene efectos directos en la toma de decisiones.

Sin datos claros, resulta complejo dimensionar la necesidad de cirujanos especializados, camas de cuidados intensivos, equipamiento o financiamiento para rehabilitación.

Herramientas comprensibles

También dificulta demostrar el costo sanitario y social de las quemaduras frente a otros problemas de salud. Esta brecha es el origen de Relaq, una plataforma digital regional diseñada para registrar y analizar casos de quemaduras en América Latina.

Desarrollado técnicamente durante 2024, el sistema centraliza información clínica, social y geográfica, con un enfoque en estandarización y comparabilidad. En su diseño trabajó también un comité internacional con representantes de los países participantes. Todo esto con el objetivo de consolidar un registro estandarizado, que no solo enumerara atenciones, sino también otras variables críticas: cómo ocurren, cómo se tratan y cómo evolucionan los pacientes.

Katherine Figueroa, responsable del equipo de desarrollo del ITiSB, explica que Relaq funciona como una plataforma web con una estructura jerárquica de usuarios. Cada país cuenta con administradores nacionales, bajo los cuales operan administradores institucionales y digitadores encargados del ingreso de datos. A nivel regional existe una coordinación general. Los registros son anonimizados y no se almacenan identificadores personales (los desarrolladores no tienen acceso a los datos clínicos).

El ingreso de información es distribuido y se realiza directamente desde los centros participantes, mientras que los procesos de validación buscan asegurar consistencia y calidad de la data. Además del registro, la solución incorpora herramientas de análisis que crean reportes a nivel institucional, nacional y regional. “El énfasis estuvo en desarrollar herramientas comprensibles, que permitieran visualizar tendencias y distribución de los casos sin requerir conocimientos técnicos avanzados”, explica Figueroa.

Niños pequeños

Hasta ahora, la plataforma ha registrado cerca de 2.300 casos, una cifra aún parcial, pero suficiente para comenzar de manera progresiva a identificar patrones regionales y diferencias entre países, información que, en el transcurso de esta década, proyectan desde Coaniquem, se convertirá en un valioso insumo de referencia desde el punto de vista sanitario en Latinoamérica.

Las quemaduras infantiles afectan mayoritariamente a niños pequeños y ocurren en contextos cotidianos. Más de la mitad de los casos se concentra en menores de entre uno y cuatro años, una etapa marcada por el desarrollo motor, la curiosidad y una limitada percepción del riesgo. A esa edad, una taza caliente, un hervidor o una cocina encendida representan peligros constantes dentro del hogar.

Las manos son la zona del cuerpo más afectada, concentrando el 37% de todas las quemaduras infantiles. Esto se explica, en parte, porque los niños utilizan las manos como principal herramienta de exploración y apoyo, especialmente en superficies elevadas o fuentes de calor accesibles. Las otras partes del cuerpo que le siguen en la ocurrencia de lesiones son las extremidades inferiores (26%) y las extremidades superiores (25%). Cuando la lesión es profunda, el daño puede interferir con el crecimiento normal de la extremidad.

“Más del 50% de nuestros niños se queman entre el primer y cuarto año de vida”, señala Orlando Flores. “Son pacientes que todavía tienen mucho crecimiento por delante, y cuando una cicatriz profunda no crece al mismo ritmo que el cuerpo, se generan retracciones que obligan a nuevas cirugías y rehabilitación”.

Quemaduras químicas

En los casos más complejos, las repercusiones demandan procesos de rehabilitación prolongados, que pueden extenderse por cinco, diez o más años. Esto se debe a que las cicatrices crecen a un ritmo más lento que la piel sana y el cuerpo, lo que genera retracciones que obligan a nuevas cirugías y rehabilitación (dichos procedimientos pueden ser necesarios hasta que la persona deja de crecer, es decir, hasta alrededor de los 20 años).

Estos patrones explican por qué el impacto sanitario de las quemaduras no se limita al evento agudo. Aun cuando uno entre diez casos requiere hospitalización, la carga asistencial se desplaza hacia el seguimiento ambulatorio, las cirugías reconstructivas y la rehabilitación, ámbitos que suelen quedar invisibilizados en las estadísticas tradicionales.

En Chile, la principal fuente de quemaduras infantiles son los líquidos calientes: hervidores volcados, ollas al borde de la cocina o tazas con bebidas calientes explican una proporción significativa de los ingresos. Este fenómeno se observa con mayor fuerza en zonas urbanas y del norte del país. La epidemiología de las quemaduras no es la misma en todo Chile. Cuando uno se mueve desde el norte hacia el sur, cambian los factores de origen”, explica el doctor Flores.

En segundo lugar, aparecen las quemaduras por contacto con superficies calientes, como cocinas, estufas y hornos. Estas lesiones adquieren mayor relevancia en zonas del sur, donde el uso de cocinas y calefacción a leña es más frecuente, especialmente durante los meses de invierno. Los incidentes por fuego directo, brasas o llamas son menos comunes, pero suelen ser más extensas y graves. En estos casos aumenta la probabilidad de hospitalización, cirugías y secuelas permanentes.

También existen quemaduras químicas y eléctricas, aunque representan una proporción menor del total.