Columna de Miguel Ángel San Martín: balance y expectativas
Las guerras son un pésimo precedente y el costo en vidas humanas no sólo nos debe importar, sino que también avergonzar. Por eso mismo, debemos preguntarnos: ¿A quién le conviene mantener activos estos conflictos militares en el mundo?
Cuando despedimos un año y recibimos al siguiente, generalmente hacemos un balance de lo que pasó y de las expectativas de lo que vendrá. Y es común que en cada vuelta al sol comencemos preocupándonos de la vida humana, de quienes se han ido en razón de los conflictos bélicos que se provocan con justificaciones menores relacionadas con decisiones personales de falsos líderes o de dictadores ignorantes.
El año que se nos fue está marcado por la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca estadounidense. Significó un cambio total en el equilibrio en que se mantenían las relaciones internacionales. Las amenazas, los malos modos, incluso la grosería y la violencia militar como solución de los conflictos, nos muestran un mal precedente para el futuro. Sin duda alguna es un retroceso en la convivencia mundial.
¿Quiénes están detrás?
Es imposible dar una cifra exacta de muertes en guerras en 2025, porque los datos son parciales. Prácticamente no hay cifras oficiales. Por ejemplo, podemos vislumbrar el tamaño de la tragedia si analizamos la cantidad de muertos en conflictos como el de Israel-Palestina, con más de 71 mil fallecidos en un genocidio que no termina. Son cifras dadas por el Ministerio de Salud de Palestina.
Si miramos lo que ocurre entre Ucrania y Rusia, ninguno de los dos países involucrados se atreve a entregar una información veraz. Sólo las autoridades británicas señalan que podrían ser 500 mil los fallecidos, entre soldados y civiles inocentes: niños, mujeres y ancianos que no pueden huir. El conflicto se mantiene aún vigente, sin poder llegar a un alto al fuego digno para las partes.
Según reportes de medios y de Wikipedia, se mantiene en actividad una escalada global de unos 56 conflictos armados en África o Asia.
Las guerras son un pésimo precedente y el costo en vidas humanas no sólo nos debe importar, sino que también avergonzar. Por eso mismo, debemos preguntarnos: ¿A quién le conviene mantener activos estos conflictos militares en el mundo? Sin duda, a los fabricantes de armas, a la industria de la guerra, a los promotores de la violencia con intereses bastardos. Y a los ignorantes “iluminados”, a los que quieren destruir la democracia desde dentro.
Debemos ser positivos
A pesar de todo este triste panorama, hay informaciones que, de ser completamente ciertas, nos despiertan el positivismo. Por ejemplo, la esperanza de vida global subió hasta los 73 años en el último cuarto de siglo. En ese mismo período, la pobreza extrema se redujo desde el 36% al 10%. Las niñas que estudian la educación secundaria suben del 47% al 68%. Y se igualan con los varones en la universidad.
Aparte, nos informan que las personas consiguieron electricidad subieron del 78% al 92% globalmente. Y que las energías renovables superaron al carbón como fuente de electricidad, 34% frente al 33%. Esto significaría que las emisiones proyectadas para 2040 podrían ser un 40% menores que hace 10 años.
Finalmente, las investigaciones científicas nos informan del “milagro médico”. En los últimos 50 años se consiguió bajar las muertes por infartos del 40% al 10%. Y que, además, la supervivencia al cáncer se ha duplicado.
Entonces, a pesar de todo y de los falsos líderes que están “manejando” al mundo, debemos mirar con optimismo la actividad consecuente, constante y silenciosa de la ciencia. Por lo tanto, debemos ser positivos: ¡Felicidades en el 2026!
