Columna de Ignacio Figueroa: Primero vinieron por los chavistas…

Bajo la égida de la calavera imperial, el régimen y el ejército de Donald Trump llevan el conflicto geopolítico a todos los rincones del planeta.

Imagen del autor

Por Ignacio Figueroa
Actualizado el 8 de enero de 2026 - 12:47 pm

La ambición de Trump es ser el dueño de todo el planeta / Foto: ARCHIVO GETTY

Al ataque a Venezuela con el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, se sumaron las amenazas directas a México, Colombia, Panamá, Canadá, Groenlandia; intentona golpista en Burkina Faso; ataque a la residencia de Vladimir Putin en Rusia; amenazas y desestabilización a Irán; requisa de barcos petroleros venezolanos y rusos en el Caribe y el Atlántico; ataques a barcos tanqueros en el Mar Negro; Gaza, Ucrania, Siria, Nigeria, en una lista cada vez más extensa.

La ofensiva del imperio estadounidense se da en muchas partes y a la vez, mostrando la clásica estrategia de fuga hacia adelante, pero a niveles nunca vistos. Lo vertiginoso de los acontecimientos hacen pensar que Trump busca marcar una pauta de enfrentamiento total durante el 2026. El presidente estadounidense no tiene aliados, sino que enemigos, intereses, genuflexos y cipayos.

Más soldados, más armas

A la par, el pacifista Trump anuncia un presupuesto récord de 1.5 billones de dólares “para tener el ejército soñado”, en un país que se encuentra a niveles extremos de endeudamiento. Esto quiere decir que la factura de la maquinaria bélica de Estados Unidos será pagada por todos los países, especialmente, los de Latinoamérica, empezando por Venezuela.

Los Estados Unidos en decadencia saben que la basa militar es su gran carta de dominio, lo que mantiene su hegemonía y está dispuesta a mantener a toda costa.

Las potencias rivales deben enfrentar la agresividad de Trump, pero Rusia se ve envuelta en la guerra con Ucrania y el conflicto con Europa. China -potencia sin producción petrolera-, debe llevar a adelante formas más activas contra Estados Unidos. A la paciencia estratégica china, Trump ofrece su propia estrategia de impaciencia destructiva.

La ley del más fuerte

La maniobra de Trump de pasar violentamente a la ofensiva en muchos frentes tiene base en la intimidación. El secuestro de Maduro fue rápidamente convertido en una lección para los liderazgos disidentes: quien se oponga será “extraído” o asesinado.

La Estrategia Nacional de Seguridad con el corolario Trump, presentada por Estados Unidos en noviembre pasado, anunció lo que ahora estamos asistiendo. El saludo de fin de año de Trump («Feliz navidad a todos, incluida la escoria de la izquierda radical») dejó en claro que para él todo quien no sea parte de la ultraderecha es parte de la izquierda radical, ya que considera al Partido Demócrata como radical de izquierda: “zurdos de mierda” en la jerga de sus seguidores.

La estrategia política de la ultraderecha elimina a los moderados, dejando solamente a los dos polos políticos. En el propio Estados Unidos han surgido personajes que se reconocen abiertamente socialistas en cargos de liderazgo de los demócratas como Zohran Mamdani en Nueva York y Katie Wilson en Seattle.

Las víctimas potenciales

Los liderazgos latinoamericanos de izquierda revolucionaria son los primeros en la lista de los condenados por el imperio, pero, todo país del hemisferio occidental que tenga sueños de soberanía está en peligro.

Maduro había pedido a Petro formas de coordinación para enfrentar la amenaza, el presidente colombiano no se dio por aludido al no aceptar relacionarse con un dictador.

De la amenaza trumpista no están a salvo, como creen, los gobiernos de derecha y ultraderecha del hemisferio, ya que se sobrepone las necesidades imperiales por sobre las afinidades ideológicas.

En un país como Chile, con un futuro gobierno de ultraderecha, se manifiestan temores sobre el cobre y el litio. Sin embargo, la Patagonia es un lugar de gran interés para Estados Unidos por sus reservas de agua potable, recursos naturales varios, escasa población, control sobre la salida del Estrecho de Magallanes y la proyección sobre la Antártica.

La exigencia sobre Groenlandia está orientada hacia la explotación del Ártico y el control de la navegación. La estrategia de seguridad busca emular las consideraciones chinas sobre su proyecto mundial de la Franja y la Ruta, mientras que los propios Brics+ incorporaron a países que controlan estrechos y rutas estratégicas. Lo mismo ocurre para buscar manejar el canal de Panamá.

La polarización latinoamericana

Por otra parte, si se analiza la actuación de los gobiernos latinoamericanos en la crisis venezolana, vemos como quedan atrapados en la lógica parlamentaria, mientras Trump actúa con libertad por sobre el Congreso de forma ejecutiva.

Esto se puede decir de Lula da Silva en Brasil, existe un sentimiento de superioridad de los líderes reformistas que les impide no condenar a quienes, desde la izquierda, descreen de una democracia liberal que se cae a pedazos en todo el mundo.

No deberían existir diferencias ideológicas para defender la Patria Grande de Latinoamérica, cuando las amenazas son tan graves, sin embargo, la derecha se siente a gusto siendo los cipayos del imperio cuando les cae alguna migaja.

Al igual que lo expuso León Trotsky ante el ascenso del nazismo en Alemania, la izquierda no puede estar dividida frente al peligro. Quienes resisten en primera línea lo hacen por todas las personas decentes de la Patria Grande.

Es la hora de la resistencia sin apellidos, como fue en su momento en Francia tras la invasión de los nazis o la lucha contra las dictaduras cívico-militares en la Latinoamérica de los 70 y 80.

El imperio no transa

La guerra contra Venezuela es hecha sin eufemismos como la promoción de la democracia, se hace explícitamente por motivos de mantención del estatus imperial con el manejo de los recursos energéticos y la mantención del petrodólar. La defenestración de Marina Corina Machado como posible liderazgo presidencial, dejó en claro que las consideraciones de salvaguarda de derechos individuales son inexistentes.

Se enalteció a Machado como un adalid de la democracia y los derechos humanos, aupada por el premio Nobel de la Paz. Su desconsideración fue un golpe duro para los cipayos latinoamericanos y sus medios, pues su narrativa fue destruida.

Desde los medios corporativos instalaron relatos especulativos sobre negociaciones entre Delcy Rodríguez con Estados Unidos o la huida de Diosdado Cabello, para debilitar al colectivo bolivariano destruyendo la unidad clase-liderazgo; no pueden creer que existen personas que actúan por ideales y no por conveniencia económica. El chavismo se muestra unido bajo el liderazgo de la presidenta encargada, siendo el poder real del pueblo venezolano.

Mitos y verdades

En un hecho altamente relevante – someramente mencionado por los medios corporativos -, fue que la fiscalía estadounidense desestimó la existencia del Cártel de los Soles, leitmotiv para secuestrar a Nicolás Maduro y Cilia Flores.

Mientras, en una directiva de la BBC, pidieron a sus periodistas no usar el concepto de secuestro para la cuestión de Maduro, sino que el neutro de “extracción”. Todos los periodistas corporativos occidentales han seguido esta sugerencia.

Frente al ataque al chavismo y la amenaza a Latinoamérica recordamos al pastor luterano alemán Martín Niemöller ante el ascenso del nazismo en los años 30:

«Primero vinieron por los comunistas y no dije nada, porque yo no era comunista.
>Luego vinieron por los socialistas y no dije nada, porque yo no era socialista.
>Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada, porque yo no era sindicalista.
>Luego vinieron por los judíos y no dije nada, porque yo no era judío.
>Luego vinieron por mí y no quedó nadie para hablar por mí».