Triunfal y amarga reaparición de Alexis
Jugando por primera vez como titular en el Inter, el delantero chileno anotó dos goles de los tres goles con que su equipo venció como visitante a la Sampdoria y fue injustamente expulsado.
Apenas 17 minutos había jugado Alexis Sánchez en el torneo italiano, y tanto él como sus admiradores se impacientaban por el escaso tiempo que le daba el entrenador Antonio Conte en el juego del Inter de Milán. Este sábado, en Génova, le pasaron la camiseta de titular. Y le bastaron 22 minutos para responder con dos goles.
La triunfal reaparición del Maduro Maravilla (ya pasó las etapas de Niño y Joven) no alcanzó a ser gloriosa. Su gran cometido quedó opacado por dos fallos errados del árbitro Gianpaolo Calvaresse, que primero lo amonestó por un falta leve cuando intentaba recuperar la pelota perdida por un compañero y después le mostró tarjeta roja por simulación cuando Alexis cayó por el roce con un adversario pero sin intenciones de engañar al juez.
Fue afortunado el primer tanto, a los 20’, porque el remate de su compañero Stefano Sensi rozó su cuerpo y él balón se alejó del arquero para meterse por un rincón bajo. Pero fue muy bueno el segundo, a los 22’, porque adivinó para dónde iba el pase-remate del propio Sensi para enfrentar con entera libertad al arquero Samir Andanovic y batirlo con remate preciso.
Con diez jugadores, Inter mantuvo la supremacía en el juego, pero no pudo evitar los sobresaltos. Un descuento de Jakub Kanto entusiasmó al equipo local; sin embargo, el volante Roberto Gagliardini puso las cosas en su lugar y selló con su gol la victoria y la perfecta carrera de los negriazules hacia el título.
La actuación de Sánchez conformó plenamente al entrenador Conte y entusiasmó a los hinchas, que ya ven en él a un buen defensor de su causa futbolística. Haciendo dupla con el argentino Lautaro Martínez, se movió por todo el frente del ataque, intercambiando posiciones y colaborando también en trabajos creativos.
El guardalíneas, con su banderola en alto, le echó a perder dos asistencias perfectas cuando sus compañeros ya corrían a abrazarlo. Tal vez por instrucciones precisas, no exageró en los amagues y casi todo lo hizo de primera. La mayoría de sus pases fueron precisos y profundos.
Le falta todavía, eso sí, para llegar a su mejor rendimiento. Se sigue echando de menos esa chispa que lo hacía sorprender a sus adversarios en el pique corto o en el esquive. Pero dejó abierta la esperanza de una pronta mejoría.
